sábado, 2 de julio de 2016

Basilea, Suiza

Dado que este es un blog de viajes, voy a ir poniendo experiencias propias de viajes que voy haciendo. El último ha sido a Suiza, a la ciudad de Basilea en concreto, una de las ciudades más caras que he visitado, pero también de las más bonitas.

Llegar allí es relativamente fácil: reservé un vuelo por un precio tremendamente bueno (easyjet conecta Barcelona con Basilea con un vuelo directo que nos costó unos 90 euros si llega, con 3 frecuencias diarias) y a través de booking reservamos una habitación doble con dos camas en Apaliving Budgethotel.

Hay que tener en cuenta también que Suiza no forma parte del euro, usan los francos suizos, y que antes de viajar tenéis que cambiar moneda. Se puede hacer en vuestra entidad bancaria o en el aeropuerto, que disponen de lugares donde se cambia moneda. El banco suele ser algo más fiable y más barato, pero se pueden usar ambas opciones.

El Rhin, en su paso por Basilea
El aeropuerto de Basilea tiene una peculiaridad, y es que es aeropuerto fronterizo de 3 países: Suiza (lógicamente), Francia y Alemania. Es curioso porque según el vuelo que vayas a coger, tienes que ir a un lado o a otro. Es la primera vez que me he encontrado en una situación así. Igualmente, es un aeropuerto pequeño y es fácil orientarse. 

Una vez llegados al aeropuerto, se presenta la siguiente duda: ¿como vas hasta la ciudad? En este caso, fácil: hay un autobús que conecta aeropuerto y ciudad, el número 50, que cuesta 4,40 francos suizos y te deja en la estación central de trenes de Basilea, un punto importante de la ciudad. Pero si tenéis reserva hotelera, no se paga, porque el transporte viene incluido en la reserva hotelera que habéis hecho. Nosotras lo pagamos, craso error, y había leído al respecto de esta gratuidad, pero es que al llegar al hotel, te dan una tarjeta que vale por el total de días que vayas a estar en la ciudad y te muevas por toda la ciudad y sus alrededores, aeropuerto incluido. Y esto, amigos, es lo mejor de ir a Suiza, que te olvidas de sacar tarjetas de transporte durante tooooda la estancia, con llevar esta tarjeta encima, está todo solucionado. No hay torniquetes ni revisores, lo que si hay es atención al cliente si necesitas información o tienes dudas, y personal de seguridad. 

Claustro de la Catedral
El hotel Apaliving es maravilloso. No tiene servicio de recepción durante el fin de semana, pero tampoco es muy necesario. Te mandan las claves de acceso para la puerta principal y para sacar la llave de tu habitación de una máquina que tienen allí para eso. La hora de entrada suele ser a las 2 de la tarde, pero en nuestro caso nos dijeron que podíamos entrar cuando quisiéramos porque la habitación estaría lista, así que al llegar a la ciudad, fuimos para allá. Es fácil de encontrar, está bien ubicado muy cerca de la estación (a 2 paradas de tranvía), está limpio, es cómodo y tiene todo lo necesario para una buena estancia. Secador, hervidor de agua, ventilador, televisión, jabón de manos y ducha y camas blanditas y confortables. Y hay persianas, algo que se echa mucho de menos en Alemania, por ejemplo. 

Como ciudad, Basilea tiene puntos preciosos de visita: el Ayuntamiento, la Catedral, el Fuente Tinguerly, un bonito puente medieval, Elisabethen kirche y el bar que tiene dentro, las puertas de entrada y salida de la ciudad (visitamos dos, hay un tranvía que conecta ambas desde el centro de la ciudad)... hay que pasearla, porque tiene puntos preciosos. Una cosa muy curiosa es que tiene fuentes por todas partes, en casi cada esquina hay una. 

Puerta de Sant Alban
A nivel gastronómico, no puedo decir gran cosa ya que comimos en restaurantes de comida rápida los dos días porque los restaurantes más normales eran caros no, lo siguiente, y nuestro presupuesto era un poco limitado, y el desayuno del primer día y la cena del último fue comida de avión. Pero vaya, que la oferta de quesos y salchichas del supermercado es muy amplia, por si queréis llevaros algo, así como de chocolates. En la estación de tren hay sitios para comprar cualquier día de la semana, domingo incluido. Y un supermercado que te salva la vida, al menos a nosotras nos salvó bastante.

El único problema que encontramos del hotel era que no tenían lugar para las maletas, pero tras consultar por teléfono a la persona que hay de guardia (no hay recepción pero hay un teléfono al que llamar si tienes algún problema o consulta), ésta nos comentó que en la estación había sitios, y nosotras no lo habíamos visto. Así que preguntamos: en el piso -2, al lado de los servicios (por los que hay que pagar 2 francos suizos, excepto si eres hombre y solo vas a mear, que te ahorras 1 franco porque hay de los de pie. Poner el culo en un wc es más caro), hay taquillas para dejar las maletas. Las pequeñas creo que costaban unos 4-5 francos y las grandes, 7 o 9, por 24 horas, lo que no me parece nada mal, compensa el sablazo del baño. 
Fuente Tinguerly

Y para volver, de vuelta con el bus 50 que está justo enfrente de la entrada principal de la estación. 

Recomiendo una visita a Basilea, con unos cuantos francos en el bolsillo, porque sino, no la acabas de disfrutar del todo.